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Mateo 14

Reina Valera 1909
1
En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús,
2
Y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista: Él ha resucitado de los muertos, y por eso virtudes obran en Él.
3
Porque Herodes había prendido a Juan, y le había aprisionado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano;
4
Porque Juan le decía: No te es lícito tenerla.
5
Y quería matarle, mas temía al pueblo; porque le tenían como a profeta.
6
Mas celebrándose el día del nacimiento de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes.
7
Y prometió Él con juramento de darle todo lo que pidiese.
8
Y ella, instruida primero de su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista.
9
Entonces el rey se entristeció; mas por el juramento, y por los que estaban juntamente a la mesa, mandó que se le diese.
10
Y enviando, degolló a Juan en la cárcel.
11
Y fue traída su cabeza en un plato y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre.
12
Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo, y lo enterraron; y fueron, y dieron las nuevas a Jesús.
13
Y oyéndolo Jesús, se apartó de allí en un barco a un lugar desierto, apartado: y cuando las gentes lo oyeron, le siguieron a pie de las ciudades.
14
Y saliendo Jesús, vio un gran gentío, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos había enfermos.
15
Y cuando fue la tarde del día, se llegaron a Él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado: despide las gentes, para que se vayan por las aldeas, y compren para sí de comer.
16
Y Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse: dadles vosotros de comer.
17
Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.
18
Y Él les dijo: Traédmelos acá.
19
Y mandando a las gentes recostarse sobre la hierba, tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a las gentes.
20
Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.
21
Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin las mujeres y los niños.
22
Y luego Jesús hizo a sus discípulos entrar en el barco, e ir delante de Él a la otra parte del lago, entre tanto que Él despedía a las gentes.
23
Y despedidas las gentes, subió al monte, apartado, a orar: y como fue la tarde del día, estaba allí solo.
24
Y ya el barco estaba en medio de la mar, atormentado de las ondas; porque el viento era contrario.
25
Mas a la cuarta vela de la noche, Jesús fue a ellos andando sobre la mar.
26
Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo: Fantasma es. Y dieron voces de miedo.
27
Mas luego Jesús les habló, diciendo: Confiad, yo soy; no tengáis miedo.
28
Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tú eres, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
29
Y Él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del barco, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.
30
Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose a hundir, dio voces, diciendo: Señor, sálvame.
31
Y luego Jesús, extendiendo la mano, trabó de Él, y le dice: Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?
32
Y como ellos entraron en el barco, sosegose el viento.
33
Entonces los que estaban en el barco, vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.
34
Y llegando a la otra parte, vinieron a la tierra de Genezaret.
35
Y como le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron por toda aquella tierra alrededor, y trajeron a Él todos los enfermos;
36
Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que tocaron, quedaron sanos.