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1 Juan 3

Reina Valera 1909
1
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a Él.
2
Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él apareciere, seremos semejantes a Él, porque le veremos como Él es.
3
Y cualquiera que tiene esta esperanza en Él, se purifica, como Él también es limpio.
4
Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley.
5
Y sabéis que Él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en Él.
6
Cualquiera que permanece en Él, no peca; cualquiera que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.
7
Hijitos, no os engañe ninguno: el que hace justicia, es justo, como Él también es justo.
8
El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
9
Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado, porque su simiente está en Él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
10
En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.
11
Porque, este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros.
12
No como Caín, que era del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.
13
Hermanos míos, no os maravilléis si el mundo os aborrece.
14
Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, está en muerte.
15
Cualquiera que aborrece a su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciente en sí.
16
En esto hemos conocido el amor, porque Él puso su vida por nosotros: también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
17
Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere a su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo está el amor de Dios en Él?
18
Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad.
19
Y en esto conocemos que somos de la verdad, y tenemos nuestros corazones certificados delante de Él.
20
Porque si nuestro corazón nos reprendiere, mayor es Dios que nuestro corazón, y conoce todas las cosas.
21
Carísimos, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios;
22
Y cualquier cosa que pidiéremos, la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él.
23
Y éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado.
24
Y el que guarda sus mandamientos, está en Él, y Él en Él. Y en esto sabemos que Él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.